domingo 17 de abril de 2011
EL NIÑO Y EL ARTILLERO: EL ÚLTIMO BESO
lunes 8 de noviembre de 2010
EDUARDO MORALES DURILLO
Caballero Laureado de San Fernando
Hijo del Comandante de Infantería D. Eduardo Morales Navarro y de doña Juana Durillo Chico, había nacido en Linares (Jaén), el 4 de agosto de 1892. A los 15 años, ingresó como voluntario sin premio en el Regimiento de Infantería de Melilla núm. 59, un 23 de agosto de 1907, destino en el que prestó su servicio militar, hasta que una vez superados los exámenes de ingreso en la Academia Militar, ingresó en ella, incorporándose a la Academia de Infantería ubicada en el Alcázar de Toledo, un 4 de septiembre de 1909.
Tras superar el plan de estudios establecido, obtuvo el empleo de 2º Teniente de Infantería el 23 de julio de 1912, incorporándose al Regimiento de Cazadores de Arapiles núm. 9, con guarnición en Alcalá de Henares (Madrid), yendo destinado al batallón mandado por el Caballero Laureado de san Fernando, el Teniente Coronel D. Alfredo Castro Ontaño. Con dicho regimiento, embarcó en Algeciras a bordo del vapor “Canalejas” rumbo a Ceuta. El 23 de mayo de 1913, se incorporaba a la zona de Tetuán.
Rápidamente participa en acciones de guerra ya que actúa en la protección de un convoy durante la ocupación de Laucién, el 15 de junio de ese año, atravesando unos tres quilómetros hostilizado por el recio fuego del enemigo por ambos flancos hasta lograr entrar en la posición. Siete días más tarde, toma parte en el reconocimiento de las alturas del Fuerte Busceja que muy pronto serán ocupadas por su batallón.
No transcurre ni un mes, cuando el 8 de julio interviene protegiendo a las fuerzas de Regulares en la loma de Arapiles durante el ataque al poblado de Samsa y, al mes siguiente, combate por las alturas del Decla hasta el poblado ya mentado (Samsa), dando protección al convoy que se dirige a Laucien.
Por el comportamiento observado y los méritos contraídos en los combates ya citados, es recompensado con la Cruz al Mérito Militar con distintivo rojo, El resto del año, lo pasará en servicio de guarnición y protección a los convoyes en las Lomas de Beni Amaranzo, Loma Amarilla, Llanos de Río Martin, Ben Karrich y Beni Busman y así, hasta finales de enero de 1914 en que toma parte en la ocupación de Malalíen, en el que desaloja al enemigo en un durísimo combate en la Casa del Hoh.
Recibirá en abril, una nueva recompensa por los méritos contraídos y su comportamiento distinguido en los combates del segundo semestre de 1913, la Cruz de la Real y Militar Orden de María Cristina. El 31 de enero de 1914, ascendía al empleo de Primer Teniente de Infantería por méritos de guerra.
Al año siguiente, de forma accidental, pasó a mandar, el 25 de enero de 1915, la primera Mía del Tabor de Policía Indígena de Tetuán, junto a la que combatirá en Monte Negrón y Cudia Federico. Tiempo después, en el mes de junio, bajo el mando del Capitán D. Eleuterio eña, comandante de dicha Mia, vuelve a distinguirse en los combates del poblado de Maidua, el cual tuvo lugar por proteger la construcción del blocao “Kaus”. Esta vez, será felicitado personalmente por el Comandante General de la Plaza.
Tuvo no obstante que marchar por enfermedad a Madrid hasta restablecerse de la misma en agosto de 1915. Una vez curado regresa al servicio, incorporándose al Regimiento de Infantería de Asturias núm. 31, donde permanecerá hasta final de año en que volverá a Melilla.
Encuadrado en el Batallón de Cazadores de Chiclana núm. 23, el 23 de febrero de 1916, formando parte de la columna del General Friedrich, combate en Kaddur, hasta la ocupación de Trincheret, en cuya operación fue citado como “distinguido” en la orden general.
Arribó el 25 de marzo a Monte Arruit junto a su batallón, ocupando Arrof y Tifasor. Más tarde, se le asignó el mando de la 3ª Mía de la Policía Indígena de Melilla y posteriormente, al frente de la 4ª Mía, tomó parte en las operaciones de Chevira, Ifrán, Boara, Dar Bucada y Beni Said, encuadrado en la columna del Comandante Martínez Monje.
Durante la carga contra el enemigo que tuvo lugar en las Casas de Dar Buxada, el 28 de diciembre de 1916, cayó gravemente herido, cosa que no le impidió continuar el ataque persiguiendo al enemigo que huía, hasta recibir una nueva herida que le causó la muerte.
Por los méritos contraídos en el combate y el comportamiento tan distinguido que tuvo durante el mismo, en el parte militar de esta operación, se le consideró acreedor de la Cruz Laureada de San Fernando, la cual le fue concedida tras resultarle favorable la resolución del expediente de Juicio Contradictorio instruido al caso.
La resolución decía (textual):
“…El día 28 de diciembre de 1916, el primer teniente de Infantería don Eduardo Morales Durillo formaba parte de la vanguardia de las tropas que concurrieron a la operación para la ocupación de Dara-Buzzada (Melilla) al mando de una sección de Caballería de las Fuerzas de la Policía Indígena, cargando con su sección contra el enemigo que las hostilizaba desde las casas de Bu-Rahail; fue el primero en ocuparlas después de una lucha cuerpo a cuerpo, y, no obstante haber sido herido de gravedad en el pecho, continuó al frente de su fuerza con arrojo extraordinario la persecución de aquel hasta darle alcance y dispersarle, recibiendo nueva herida en la cabeza, que le causó la muerte.
El Rey ha tenido a bien conceder al primer teniente don Eduardo Morales Durillo la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando.
Madrid, 12 de noviembre de 1919.
Tovar…”
Hans Nicolás i Hungerbühler, 3 de noviembre de 2010
lunes 31 de mayo de 2010
Enrique Nieto y su época: Nuevo libro
Diario El Faro de Melilla, jueves, 27 de Mayo de 2010
por Andrés Moraga
Un grupo de diez estudiantes de distintas Facultades, que se encuentran realizando la segunda parte de ‘Melilla Modernista’, estarán en Melilla hasta el próximo sábado.
Diez alumnos de distintas Facultades de la Universidad de Granada, entre las que se encuentran las de Bellas Artes, Arquitectura, Historia e Historia del Arte, se encuentran visitando hasta el próximo sábado la ciudad. El motivo de la presencia de estos estudiantes en Melilla es el desarrollo de la segunda parte del Seminario Permanente de Historia del Arte titulado ‘Melilla Modernista. Enrique Nieto y su época’.

En esta iniciativa participan activamente, además de la Universidad de Granada, el Campus de Melilla y la ‘Fundación Melilla-Ciudad Monumental’.
Tal y como afirmó el presidente de la entidad, José Vallés, “este proyecto se une a la iniciativa que se lleva a cabo todos los años con algunos estudiantes de la Universidad de Barcelona y la que se realiza con aquéllos provenientes de la escuela diplomática”.
Uno de los objetivos primordiales, que también es compartido por el delegado del rector de la Universidad de Granada en Melilla, Sebastián Sánchez Fernández, es “dar a conocer a Melilla y cambiar, en cierta medida, el concepto que ‘a priori’ la opinión pública tiene de la Ciudad Autónoma”.
Los alumnos están tutelados por el doctor Salvador Gallego Aranda, director académico de la actividad, que agradeció el “constante e incondicional apoyo recibido tanto por su decana, María Elena Martín y por su Departamento”. Éste también aprovechará su estancia en la Ciudad Autónoma para presentar hoy, a partir de las 20:00 horas, en el Hotel Tryp Melilla Puerto, una nueva obra titulada ‘Enrique Nieto, un paseo por la arquitectura’.
viernes 7 de mayo de 2010
PEPE GAMEZ - VIAJERO CON INSPIRACION ARTISTICA
EL RIF EN EL CORAZON

Artículo y fotografías: Juanjo Florensa
domingo 4 de abril de 2010
V. RODILLA. ESCULTOR IMAGINERO
V. Rodilla: escultor imaginero de fama
por Juan Díez y José Marqués
El artista escultor Vicente Rodilla Zanón, nacido en Siete Aguas, provincia de Valencia en el año 1901, recobró protagonismo recientemente en nuestra ciudad por el hallazgo de parte del mapa de España en relieve que ejecutó en 1924 junto a la pista de patinaje.
Un hallazgo realizado en el transcurso de las obras de rehabilitación del Parque Hernández y que nos impulsó para ahondar aún más en la trayectoria artística de su autor: V. Rodilla. Poniéndonos para ello nuevamente en contacto con su hijo, investigadores e instituciones de la Comunidad de Valencia. Y fruto de todo ello ha sido un enorme caudal de información relativa a su producción artística, que durante las décadas que siguieron a la finalización de la guerra civil estuvo centrada en la imaginería, cuyo primer trabajo realizó en nuestra ciudad: Una imagen de San Fernando destinada al culto en la Capilla Castrense.
Un protagonismo melillense que toma aún mayor interés por el elevado lugar que ocupó V. Rodilla entre los imagineros de la Escuela Valenciana de Posguerra, así como por el hecho de que residiera con nosotros entre los años 1923 y 1929, e incluso aquí contrajera matrimonio y le naciera su primer hijo. Pues terminada la mili continuó trabajando como profesor en la Escuela de Artes y Oficios.
Es por ello, y con ocasión de la celebración de la Semana Santa, que a continuación evocamos someramente la figura de Rodilla como gran maestro de arte sacro.
Imagen de San Fernando
En el transcurso de la estancia de Vicente Rodilla en Melilla, a finales del año 1923 concluyó la que sería su primer trabajo de arte sacro: La imagen de San Fernando, Patrón del Cuerpo de Ingenieros, destinada a su culto en la recién inaugurada Capilla Castrense. Levantada en el Barrio del Mantelete, sobre los terrenos de la antigua Comandancia de Artillería gracias a proyecto de Francisco Carcaño Más, Ingeniero Militar, escritor y periodista melillense.
Luego de dos meses de trabajo a contrarreloj, Vicente Rodilla pudo concluir la obra gracias al apoyo constante de su jefe, el coronel de Ingenieros Luis Andrade. Quien le ayudó a superar los últimos obstáculos que impedía concluir la talla, pues ésta debía contar con artística decoración ornamental difícil de realizar en Melilla por la falta de profesionales competentes. Pensándose incluso en trasladar la figura a la Península para tal menester, con la consiguiente posibilidad de que se deteriorase. Más felizmente, a última hora los esfuerzos del coronel dieron sus frutos y se pudo tener el auxilio de dos soldados artistas también de la Comandancia de Ingenieros, el decorador barcelonés José Espalta y Andrés Contreras que confeccionó el logrado repujado de la espada que esgrime el Santo.
En el mes de abril del año 1924 V. Rodilla también participó junto con los soldados José Espelta y Temístocle Rodríguez en la confección de una imagen del Sagrado Corazón de Jesús y un cuadro al óleo de San Vicente Paúl, obsequios realizados a Sor Josefina Pescador, Madre Superiora del Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
La imagen fue bendecida por el vicario castrense, Sr. Maza, y actuaron como padrinos la señora del coronel médico Sr. Coll y el coronel de Ingenieros Sr. Andrade.Consagración
La ratificación de Vicente Rodilla como excelente maestro imaginero le vino dada en los años de mayor auge en España en la realización de tallas religiosas y otras artes menores anexas. En las décadas que siguieron a la finalización de la guerra civil española, cuando hubo necesidad de reponer las miles de obras de arte que en iglesias, conventos, ermitas , capillas y hermandades fueron destruidas por los marxistas y anarquistas en su “cruzada” cargada de tanto odio y rencor como ignorancia.
Una gran demanda de arte sacro que enseguida propició negocios oportunistas como el emprendido por algunos talleres en Madrid y Cataluña, que inundaron el mercado de imágenes confeccionadas en serie, de modo industrial y más económico. Ante ello, y seguramente a instancia de los artistas valencianos, el arzobispo Prudencio Melo creó una comisión de control, que mediante la comprobación de bocetos y su confección con maderas nobles, veló por la recuperación del patrimonio artístico y por ende de ofrecer trabajo a los aproximadamente veinticinco talleres entonces dedicados a ello en Valencia. Siendo uno de éstos el propiedad de Vicente Rodilla, que al igual que los otros conoció una época dorada. Prueba de ello es que tan sólo el Arzobispado de Valencia tiene inventariadas ciento quince imágenes firmadas por V. Rodilla en esa provincia.
Excelente momento que comenzó a menguar tras los aires innovadores en la Iglesia surgidos en el Concilio Vaticano II ( 1962 – 1965 ).
Vicente Rodilla en el año 1945 fundó el Gremio de Imagineros, menester que lo llevó a representar a sus compañeros artesanos como Procurador en Cortes.
Cristo en la columna, Alzira
Arzobispado de Valencia
Buena parte de la obra religiosa realizada por V. Rodilla en su provincia natal la conocemos gracias al detallado inventario de su patrimonio confeccionado por la dirección del archivo metropolitano del Arzobispado de Valencia. Donde nuestro escultor figura como autor de al menos ciento quince imágenes, de ellas cuarenta representan las figuras de santos, veintisiete de Jesucristo, otras cuarenta de vírgenes y tan solo una del Creador.
De entre los santos más elaborados figuran San Juan Bautista y San Vicente Ferrer. Mientras que de las advocaciones de vírgenes destacan la del Rosario, Dolores y los Desamparados. Y finalmente de entre el conjunto de imágenes de Jesucristo más divulgadas por V. Rodilla están las del Sagrado Corazón de Jesús, Cristo Crucificado y Ecce Homo.
Una ingente obra que se puede admirar en 65 localidades de la provincia de Valencia. Siendo en la capital de la Comunidad donde está más visible el genio creativo de Rodilla, en concreto con 9 imágenes repartidas por siete parroquias. Le sigue la población de nacimiento del artista, Siete Aguas, en cuya iglesia de San Juan Bautista dejó 8 trabajos: San Blas, Santa Recicla, Cristo de los Afligidos ( en la Cruz ), Cristo Santísimo, Virgen de los Dolores, la Purísima Concepción y dos San Juan Bautista. Y por último la localidad de Benifayo, con cinco imágenes expuestas en su Parroquia de San Pedro Apóstol.
Algunas obras
De entre los cientos de trabajos de arte sacro ejecutados en el taller regentado por nuestro admirado maestro escultor V. Rodilla, con carácter orientativo podemos mencionar las que realizó en la casa natal de San Vicente Ferrer en Valencia capital. Y entre las que se procesionan en el transcurso de la Semana de pasión, dos que lo hacen en la localidad de Alzira y una tercera en Sagunto.
Con motivo de la conmemoración del V Centenario de la canonización de San Vicente Ferrer, en el año 1955, a V. Rodilla se le encargó para la casa natal del santo en la capital del Turia, la realización de una talla en madera de este Santo Patrón de la Comunidad de Valencia, en estilo barroco y actitud de predicar, así como el retablo del altar, de estilo gótico con madera tallada y patinada.
Por solicitud de la Cofradía del Cristo en la columna de Alzira, V. Rodilla confeccionó en 1955 el conjunto de igual denominación, que consta de las imágenes de Jesús, un soldado y dos verdugos. Y al año siguiente realizó el Cristo Crucificado en la Agonía, en tamaño natural y que en la actualidad constituye uno de los mejores pasos de la Semana Santa de Alzira.
Y finalmente, recordar que bastantes años atrás, en 1942 y en Sagunto, para la Cofradía de la Purísima Sangre realizó en madera el Santo Sepulcro, cuyo original fue quemado en 1936.
Podemos también mencionar que Vicente Rodilla vio asaltado su taller y tuvo que esconderse durante algún tiempo en los inicios de la guerra civil, así como sufrió prisión por un único delito: ser hermano de un religioso.
Virgen Japonesa
En los últimos años nuestro escultor se amoldó a las exigencias de la moda funcional y con notable éxito otorgó ligereza y libertad a sus imágenes, tanto laicas como religiosas.
Posiblemente la obra de Vicente Rodilla que más atención despierta se encuentre muy lejos de España, en Japón. Hasta donde llegó la fama de nuestro escultor y encargo de una virgen exótica, de ojos oblicuos. Que levanta tanto y cariño y veneración como curiosidad entre quienes la contemplan.
Cuando la demanda de imágenes religiosas declinaba, el espíritu inquieto e innovador de Vicente Rodilla comenzó a practicar con trabajos de mosaicos en relieve, unos trabajos de gran belleza y ostentación que pronto le repostó fama mundial. Utilizando técnicas de su invención a partir del año 1959, recibió infinidad de encargos tanto de España como del resto del mundo. Llegando en ocasiones a emplear hasta treinta mil teselas de mármol para confeccionar uno de sus murales en relieve.
Rodilla que también practicó la pintura al óleo, falleció a la edad de setenta y tres años, el 29 de agosto de 1974. Quedando para la eternidad su amplia y elevada obra, su nombramiento como Hijo Predilecto de Siete Aguas y el título de una calle en Valencia capital: “Escultor Vicente Rodilla”:
Otros artistas en la Melilla de los años cincuenta
Gracias a la consulta del programa de la Semana Santa de Melilla editado en el año 1954 por publicidad “AVANZA” y confeccionado en los talleres de Gráficas El Cisne de nuestra ciudad, conocemos algunos datos acerca de aquellos artistas que con maestría y mucha laboriosidad ejecutaron algunos pasos de los que se procesionaban por nuestras calles en los años cincuenta del pasado siglo, un momento de auge de la religiosidad local iniciado algo más de una década atrás con la finalización de la guerra civil española.
Uno de los artistas que en Melilla realizó trabajos de talla en madera fue Juan Miguel López que tuvo taller propio en el número 36 de la calle Cabo Noval del Barrio del Tesorillo y por sus méritos había sido galardonado con algunos primeros premios en varias exposiciones así como una Medalla de Honor.
Dedicado también a la decoración de inmuebles y restauración de imágenes. Confeccionó el trono destinado a la Virgen María Santísima de los Dolores, de la Cofradía del Barrio del Real. Primorosa labor en la que contó con la ayuda de otro maestro, el tallista sevillano Ricardo Ramírez Toranzo. El cual en la capital andaluza ya había realizado varios tronos, como los de Nuestra Señora de Monserrat y el de la Santísima Trinidad.
También en Melilla, Ricardo Ramírez proyectó y ejecutó tres tronos para la Cofradía del Barrio del Real y otro para la de Batería J., este último realizado en los talleres del antiguo Cuartel de Automovilismo de nuestra ciudad.
Igualmente en la década de los cincuentas del pasado siglo residía entre nosotros el escultor José María Palma Burgos, de origen malagueño y que entonces contaba veintiséis años de edad. Quien entonces, concretamente en 1954 ya había laborado en Melilla dos altares – retablos y un monumento al Héroe Incógnito para La Legión.
Agradecimiento
Finalmente, desde estas páginas deseamos agradecer a Don Vicente A., doña Encarnación y doña Amparo Rodilla Garrido, hijos del escultor, así como a D. Aureliano Lairón Pla, Cronista Oficial de Alzira y Archivero de su Ayuntamiento, la valiosa información literaria y gráfica facilitada para la confección de este artículo.
Artículo publicado en el diario digital de Alzira, El Seis Doble, el jueve 1 de abril de 2010. Y el domingo 4 de abril de 2010 en el suplemento del diario Melilla Hoy.
lunes 22 de marzo de 2010
El arte sacro de Rodilla, exponente de la Semana Santa de Alzira

El artista valenciano que dejara su impronta en Melilla durante los años veinte repartió por todo el levante español un amplio legado sacro
Algunos historiadores consideran que Vicente Rodilla se presentó al mundo como artista durante su breve estancia en la ciudad, un periodo de muy pocos años que el valenciano cerró tras haber cumplido con la patria, contraído matrimonio y tenido un hijo que hoy en día se afana por conservar la memoria de su padre. En Melilla dejó una serie de placas, varias esculturas y un mapa en relieve de la geografía española que hace unos meses volvió a ver la luz tras medio siglo de oscuridad.
Cuando Rodilla regresó a su tierra, su carrera como artista fue evolucionando año tras año hasta alcanzar una notable fama y un merecido reconocimiento. La Iglesia se convirtió entonces en uno de sus más importantes clientes y el arte sacro en una de sus especialidades. Sus imágenes se procesionan aún en varios pueblos del levante español, sus mosaicos en relieve decoran todavía las paredes de algunos templos. Y es que su catálogo de obras es tan amplio como interesante, tan extenso como variado.
Cristo
Una de las imágenes talladas por Rodilla que en mayor medida ha trascendido a su autor, es la del Cristo Agonizante. La escultura, creada a tamaño natural costó 17.000 pesetas de la época y fue bendecida en el templo de San Juan el domingo 23 de marzo de 1956. Dos personalidades del lugar, don Lisardo Piera Rosario y su esposa, doña María Virtudes Muñoz, apadrinaron el solemne acto.
La Hermandad de Caballeros de Cristo Crucificado en la Agonía, que cuenta en la actualidad con 346 hermanos, es la que procesiona esa imagen de Rodilla por las calles de Alzira. Esta institución fue fundada el primer día de febrero de 1955 por un grupo de jóvenes que pertenecían al movimiento de Acción Católica de la Parroquia de San Juan Bautista. Sin embargo, aquel año no contaban aún con la talla y procesionaron una estampa del Cristo de Limpias.
La Hermandad se caracteriza por su talante profundamente austero y penitencial; su norma es guardar un riguroso silencio y se precia de haber sido la primera e disponer de banda de tambores y timbales. Once años después de su fundación, empezó a acompañar sus procesiones de siete cruces de madera con pendón negro y pergamino; cada una de ellas muestra las leyendas correspondientes a las siete palabras que Jesús pronunció en su agonía.
Tanto el traslado de la imagen titular, que se completa el Miércoles Santo desde su capilla de la Parroquia de San Juan hasta la Iglesia de Santa Catalina, como la procesión general del Santo Entierro, concitan a cientos de personas, de devotos de una talla nacida de las manos de Vicente Rodilla Zanón.
San Fernando
Los historiadores aún tratan de seguir la pista a la imagen de San Fernando que el artista labró prestando el servicio militar en el Regimiento de Ingenieros de Melilla. Es una de las obras firmadas por el valenciano de las que hay constancia en los escritos de la época y una de sus primeras aportaciones al arte sacro. También alguna de sus placas se erige tras el Cristo que se conserva en el acuartelamiento de la Legión.
viernes 12 de marzo de 2010
Historiador: Vicario Miguel Acosta
Juan Díez Sánchez
( de la Asoc. de Estudios Melillenses )
Doctor en Teología, Miguel Acosta Algarra nació en Nerja, provincia de Málaga en el año 1861 y falleció en nuestra ciudad el 20 de enero de 1926. Fue vicario eclesiástico en Melilla, promoviendo aquí la construcción de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Hombre culto, estuvo muy interesado por conocer y divulgar la historia de nuestra ciudad, siendo por ello nombrado miembro de la Academia de la Historia. Catedrático de Latín, además ejerció de profesor de esta asignatura.
Calle
Proclamada la II República, Rafael Fernández de Castro y Pedrera, Cronista Oficial de la Ciudad, en un revanchista cambio general de denominaciones de calles de nuestra localidad, logró que la antigua calle de la Iglesia, en el Pueblo, llevara a partir de entonces y hasta el día de hoy, al menos el nombre de un vicario: Miguel Acosta, en reconocimiento a la figura de éste insigne y adnegado religioso.
De forma inexplicable, en 1918 y cuando concluían las obras de sus desvelos, la construcción de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, Miguel Acosta se trasladó a Ceuta, para ocupar el cargo de canónigo en su Catedral.
Gran historiador
A pesar del innegable protagonismo, relevancia de Miguel Acosta en la Melilla de comienzos del siglo XX, su figura sigue olvidada, ignorada debido seguramente a su carácter sencillo. Hombre desprendido, creemos que sus notas debieron quedar en el archivo de la Iglesia para fácil consulta y “copia” de cualquier persona interesada. No obstante, conocemos que colaboró en la prensa local con artículos divulgativos acerca de la historia de nuestra ciudad y su ayuda fue decisiva para que el también historiador Gabriel de Morales diera a la luz su obra “Efemérides y Curiosidades. Melilla, Peñón y Alhucemas”, impreso en los talleres de “El Telegrama del Rif” en el año 1921.
En este libro y después de que no alertara nuestro antiguo compañero en Estudios Melillenses, José Luis Blasco. Tras una rápida pesquisa, no exenta de dificultad al ser escasos los textos conocidos del erudito canónigo, hemos encontrado como gran parte del texto que Gabriel de Morales plasma acerca de la voladura del fuerte de Santiago, efemérides que tuvo lugar el 26 de febrero de 1676, coincide con lo escrito por Miguel Acosta y luego divulgado por el mismo en la publicación “Micro”, revista semanal infantil número 1 de 6 de marzo de 1925. En ella el indicado J. Acosta expresa : “ A cantar sus glorias ( de Melilla ) consagramos esta página, valiéndonos para salir airoso de la noble empresa, de la abundosa erudición histórica del canónigo don Miguel Acosta, suyas son las notas que hoy damos y otras que iremos publicando en sucesivos números”.

Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús
Nuestro amigo y maestro, hace algunos años desaparecido, a través de las páginas del dominical “La Voz” ,de fecha 9 de enero de 1994, en el artículo titulado ¡ Aquellas inolvidables celebraciones regionales !, nos evocó la construcción de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, y por ende el relevante papel de quien fuera su eficaz segundo promotor: Miguel Acosta. Así don Francisco Carmona Pachón ( Melilla, 1930 – Alicante, 2004 ), escribió : “La Iglesia del Llano, como se la llamó en un principio, comenzó su construcción en 1900. Su promotor fue el vicario D. Eduardo Alvendín Carrasco, que contó para ello con el producto de la venta de unos huertos, propiedad de la iglesia, situados en el Mantelete exterior. Además de la recaudación de unas rifas y festejos organizados al efecto.
Con toda solemnidad, se colocó la primera piedra de la iglesia el día 8 de diciembre de 1900. Los recursos económicos se agotaron prontamente y la obra quedó paralizada durante once años.
Las constantes gestiones del nuevo vicario D. Miguel Acosta, dieron como resultado que el Ministerio de Gracia y Justicia emitiera una Real Orden, con fecha 5 de febrero de 1912, por la cual se aprobaba el proyecto de terminación de las obras de la iglesia, concediéndose 30.000 pesetas para ello.
Las obras dieron comienzo en mayo de 1913 y hubo necesidad de derribar todo lo que se había construido anteriormente , ya que se encontraba en un total estado ruinoso. Estas nuevas obras no pudieron finalizarse por falta de recursos y quedaron abandonadas durante cuatro años más.
Por fin, por la Ley de mayo de 1917, se concedió un crédito para acabar la obra que estuvo dirigida por el arquitecto D. Fernando Guerrero Strachán.
La Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús fue bendecida en la Navidad de 1918”

Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús
Silueta
El gran periodista José Ferrin Fernández, redactor jefe del diario “El Telegrama del Rif” fallecido a la edad de 62 años el 18 de julio de 1933, dedicó unos versos a Miguel Acosta en su obra editada en 1905 y titulada “Siluetas rimadas”. Unos ripios acerca de personalidades melillenses que anteriormente habían sido alumbradas en el periódico “Nuevo Diario de Málaga”.
Ferrin en ella enalteció a nuestro vicario, al calificarlo de virtuoso, gran orador y bondadoso. Una composición poética que por su relevancia reproducimos a continuación:
“Don Miguel Acosta
Cura párroco
Cumple a las mil maravillas
su sagrado ministerio,
pues comprendiendo el espíritu
liberal que en este pueblo
ha reinado casi siempre
por causa del elemento
militar que en él impera,
procura, con gran acierto,
dar al César lo que es suyo
sin menosprecio del clero.
Sacerdote virtuoso
y orador de grandes méritos,
ocupa el puesto de Párroco
en nuestro único templo,
y a su acierto y voluntad
influencia y buen deseo,
se debe principalmente
el entusiasmo sincero
que aquí existe por el culto
religioso en todo tiempo.
De carácter bondadoso,
predica con el ejemplo
la caridad sacrosanta
y a sus súplicas y ruegos
se han formado Asociaciones
con el exclusivo objeto
de socorrer al que sufre
de la desgracia el asedio.
Bajo otro punto de vista,
es decir, en el terreno
de los hombres que sin tregua
trabajan con gran esfuerzo
por regenerar la Plaza
engrandeciendo este pueblo,
Don Miguel tiene un lugar
honroso como el primero.
Con sacerdote tan digno
y de tan amplio criterio,
no es cosa extraña que cuente
la Religión con adeptos:
Jesús, aún siendo quien fue,
Predicó con el ejemplo”.
Finalmente, y para aproximarnos a la escurridiza obra de Miguel Acosta, recogemos uno de su textos, el publicado en la primera página del diario nacionalista local “Melilla Nueva”, en la tarde del 20 de marzo de 1919.

Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús
No fueron fácilmente acogidas las proposiciones de paz hechas a las autoridades de Melilla por el Sultán de Marruecos el 16 de marzo de 1775. Cuando Carlos III tuvo conocimiento de ellas, respondió con entereza que no firmaría tratado alguno, mientras Mohamed ben Abdelah, no ofreciera garantías de cumplir con la fidelidad debida los nuevos compromisos que había de contraer. La experiencia de lo acaecido con el tratado de 28 de mayo de 1767, justificaba la actitud resuelta de nuestro Rey. Pero, al fin, después de laboriosas gestiones, firmóse un nuevo tratado de paz por el Conde de Florida-blanca y Sidi Mohammed ben Otman, por el cual el Emperador concedía a España, grandes ventajas comerciales y el uso de la ciudad y puerto de Tánger a favor de españoles y franceses y en perjuicio de Inglaterra, con la cual nos hallábamos entonces en abierta hostilidad. En testimonio de la sinceridad de su palabra, el Sultán nos prestó su ayuda en el sitio de Gibraltar y arrojó del Imperio al Cónsul y a todos los súbditos británicos. Carlos III, correspondió a aquellas atenciones enviando una misión extraordinaria, que bajo la presidencia de don Francisco Salinas y Moñino, embarcó en la fragata Santa Lucía, que había prestado sus servicios durante el sitio de Melilla, para ofrecer al Emperador valiosos regalos.
¡ Lástima grane que en aquel tratado de paz no se hubiese estipulado devolver a Melilla su antiguo campo exterior, como se hizo en Ceuta en 1781 ! . Bien fuera porque las reconstrucción de los derruidos fuertes de San Lorenzo, Santiago, San Francisco, San Marcos y Santo Tomás, exigían cuantiosos gastos y aumento de guarnición, o bien ( y esto es lo más probable ) que Carlos III no estaba resuelto aún a conservar las plazas de Melilla, el Peñón y alhucemas, en vista del informe poco favorable que había emitido la Comisión nombrada al efecto en 1772, ello es que, después de los luctuosos días del sitio, los moros conservaron sus posiciones ventajosas de Tarara ( San Lorenzo ) donde tenía emplazada una batería y las de la orilla derecha del Río de Oro, que entonces desembocaba por la actual Plaza de España.
El paraje que hoy ocupa el grandioso Parque de Hernández y la parte inmediata del barrio Reina Victoria, era precisamente el sitio donde el enemigo tenía sus ataques, para desde ellos acechar la ocasión y momento de arrancar la vida a nuestros valientes soldados.
Después de la derrota que sufrieron en el sitio, los moros fronterizos permanecieron tranquilos durante el resto de aquel año 1775; pero en el 76 mostrábanse inquietos y obligaron al regimiento de Aragón a hacer actos de presencia, y a partir de 1777, reanudaron las agresiones que ha tejido en todo tiempo la historia de Melilla. La primera de ellas ocurrió el primero de julio de dicho año y constituyó una sorpresa de las más villanas y sangrientas que hasta entonces habían cometido.
Eran poco más de las cinco de la mañana cuando los soldados salieron a hacer la descubierta por la puerta del campo, cerca del fuerte de Santa Bárbara. Allí como de costumbre, aguardaban los moros la hora de entrada para vender sus mercancías. Algunos de ellos se adelantaron hasta la misma puerta y se pusieron a conversar amistosamente con los hortelanos, pidiéndoles calabazas y otras hortalizas: el cabo de la cabila también departía con el Ayudante Mayor de la Plaza, don José Naranjo. De repente, un moro se abalanza sobre un soldado pistola en mano, lo mata, casi lo degüella, y al punto se arrojan más de sesenta moros armados sobre nuestra gente, mientras otros agredían los descubridores. Pronto se repuso la fuerza de aquella sorpresa; pero entre tanto nos hicieron tres muertos, que fueron Cristóbal Ramírez, Martín Hidalgo y Francisco Ruiz, los tres desterrados y soldados voluntarios de la compañía fija de don Antonio Manso. Sus cadáveres no pudieron rescatarse hasta la noche y eso a fuerza de armas.
También resultaron tres heridos graves, Antonio Herrero, Antonio Estevez y Antonio Delgado, de la compañía de don José Naranjo, y que murieron en los días 12, 13 y 19 del mismo mes, respectivamente.
Otros muchos hechos suceden por aquella época, pero solo citaremos uno, no sólo por tratarse de un hijo de Melilla, sino porque demuestra la osadía que de nuevo iban adquiriendo nuestros seculares enemigos.
En el año 1779, los moros habían emplazado otros ataques a la izquierda de la desembocadura del río, o sea hacía lo que hoy se llama Paseo del General Macías o Muro X. Para descubrirlos y poderlos combatir, embarcaron algunos técnicos en una lancha comandada por don Migue Zazo, capitán graduado y teniente de una de las compañías fijas. Los moros observaban la salida, y cuando tuvieron la embarcación al alcance de nuevos parapetos escondidos entre cañaverales, hicieron una descarga sobre ella; una bala dio en la frente de D. Miguel Zazo y cayó muerto en el acto. Así acabó su vida uno de los más bravos oficiales, que tanto se habían distinguido durante el sitio por su valor y arrogancia.
MIGUEL ACOSTA
Académico C. de la Historia”.



